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Adicción: la estrategia de afrontamiento que falla

TL;DR: Consumir para escapar del malestar es una de las rutas más comunes hacia la adicción. No se trata de debilidad de carácter: se trata de una estrategia —la pasividad incorrecta— que alivia el dolor a corto plazo pero lo amplifica a largo plazo. Entender por qué el consumo «funciona» al principio, y por qué deja de hacerlo, es el primer paso para encontrar una salida diferente. En este artículo verás el mecanismo, por qué falla y qué propone el Colectivo Aquí y Ahora desde una mirada centrada en el sentido.

Hay una pregunta que aparece con frecuencia en el acompañamiento clínico: ¿por qué sigo consumiendo si sé que me hace daño? La respuesta casi nunca tiene que ver con ignorancia ni con falta de voluntad. Tiene que ver con que el consumo cumplió, en algún momento, una función: calmar una angustia, amortiguar un golpe, llenar un silencio que resultaba insoportable. Comprender ese papel es esencial para salir de él.

Por qué se consume para afrontar

El afrontamiento es la forma en que cada persona responde al malestar. Cuando algo duele —una pérdida, una presión sostenida, la sensación de que la vida carece de sentido—, el organismo y la mente buscan alivio. Ese alivio puede venir de fuentes que construyen (hablar con alguien de confianza, encontrar un propósito, atravesar el dolor con apoyo) o de fuentes que, en apariencia, lo resuelven de inmediato pero que a la larga lo complican.

El consumo de sustancias puede ofrecer ese alivio inmediato. Para quien lleva semanas aguantando una ansiedad que no cesa, o meses sintiéndose vacío sin poder nombrarlo, la experiencia de alivio —aunque sea breve— resulta comprensible y, al principio, eficaz. El problema no está en el alivio en sí; está en la ruta elegida para obtenerlo.

Entre las formas más frecuentes de consumir para afrontar se encuentran:

  • El consumo como pausa: beber o usar sustancias para «apagar» temporalmente la presión laboral, familiar o existencial.
  • El consumo como pertenencia: usar junto a otros para sentirse parte de algo, para no estar solo con el propio malestar.
  • El consumo como regulación emocional: calmarse cuando la rabia, el miedo o la tristeza desbordan, porque no se conocen otras herramientas.
  • El consumo como fuga del vacío: llenar con sensaciones externas un espacio interior que se siente vacío o sin dirección.

Ninguna de estas rutas comienza con la intención de volverse adicto. Comienzan, casi siempre, con la intención de sobrevivir al momento. Eso no las hace menos dañinas; sí las hace más comprensibles.

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La pasividad incorrecta: huir en lugar de afrontar

Viktor Frankl y Efrén Martínez Ortiz describen cómo las personas responden al malestar mediante lo que denominan pasividad y actividad correctas o incorrectas. Es un marco que permite entender no solo qué hace alguien, sino para qué lo hace existencialmente. El concepto se desarrolla en profundidad en el artículo sobre el modo de ser narcisista y las estrategias de afrontamiento, que es el artículo dueño de este concepto.

La pasividad incorrecta consiste en rendirse ante el malestar de una manera que parece alivio pero que, en realidad, bloquea el crecimiento. Es huir, anestesiar, esquivar. En el contexto de las adicciones, la pasividad incorrecta toma exactamente la forma descrita arriba: consumir para no sentir, para no enfrentar, para no atravesar.

La clave está en la diferencia entre tolerar y evitar. Tolerar el malestar —acompañado, con herramientas, con sentido— permite que la persona lo procese y salga transformada. Evitarlo a través del consumo lo aplaza: el malestar original permanece intacto, y ahora se le agrega la dependencia.

«La recuperación no consiste en eliminar el dolor, sino en encontrar un sentido que haga que valga la pena atravesarlo.» — Martínez Ortiz, E., Hacia una recuperación con sentido

En la práctica clínica del Colectivo Aquí y Ahora, una pregunta que orienta mucho el trabajo es precisamente esa: ¿de qué está huyendo esta persona cuando consume? La respuesta —a veces un vacío sin nombre, a veces una historia de pérdida, a veces una identidad que no se siente suficiente— es el verdadero punto de partida del proceso terapéutico.

Las sustancias como anestesia del malestar

Cuando el consumo se convierte en la respuesta habitual al malestar, ocurre algo predecible: el organismo aprende a asociar la incomodidad emocional con la necesidad de consumir. El malestar se convierte en disparador; el consumo, en respuesta automática. Con el tiempo, el umbral para tolerar cualquier tensión sin recurrir a esa respuesta se va reduciendo.

Esto no significa que la persona sea débil o que le falte determinación. Significa que su sistema de afrontamiento quedó organizado en torno a una estrategia que, en su momento, pareció funcionar. El problema es que esa estrategia tiene un costo creciente:

  • Eleva la necesidad de consumo para obtener el mismo efecto de alivio.
  • Erosiona gradualmente las fuentes de satisfacción natural (vínculos, logros, sentido de vida).
  • Genera consecuencias en la salud, las relaciones, el trabajo o los proyectos personales, que a su vez se convierten en nuevos malestares que hay que afrontar —y el círculo se cierra.

Lo que empezó como una solución termina siendo parte del problema. Y lo que resulta más difícil de ver desde adentro es que el dolor que el consumo intenta calmar ya no es solo el dolor original: ahora también hay el dolor de la adicción misma.

Aquí es donde el abordaje clínico marca una diferencia. Comprender el patrón —ver el círculo completo— no resuelve por sí solo la situación, pero sí cambia la forma en que la persona se relaciona consigo misma. Pasar de «soy débil» a «estoy atrapado en un patrón que aprendí para sobrevivir» abre una puerta diferente.

Por qué la estrategia falla a largo plazo

Toda estrategia de afrontamiento incorrecto tiene una fecha de vencimiento. Al principio, el consumo como anestesia puede «funcionar» en el sentido de que reduce momentáneamente el malestar subjetivo. Pero hay varios mecanismos que garantizan que esa eficacia se agote:

1. La tolerancia al alivio decrece, la tolerancia al malestar también.
Con el tiempo, el efecto de alivio disminuye mientras la capacidad de tolerar el malestar sin consumir también se reduce. La persona necesita más para obtener menos.

2. Las consecuencias acumulan nuevas fuentes de malestar.
Problemas en las relaciones, en el trabajo, en la salud o en la propia autoestima generan nuevas capas de tensión, vergüenza o tristeza. El consumo que buscaba aliviar el malestar termina produciendo más.

3. El sentido de vida se retrae.
Uno de los efectos más documentados en el trabajo clínico con adicciones es el empobrecimiento progresivo de lo que Frankl llamaba el mundo de valores y propósitos de la persona. Los proyectos, las relaciones significativas y el sentido de dirección van quedando en segundo plano mientras el consumo ocupa el centro. Sin sentido, el vacío que originalmente disparó el afrontamiento incorrecto se vuelve más profundo.

4. La identidad se reorganiza en torno al consumo.
La persona empieza a construir su rutina, sus vínculos y su imagen de sí misma alrededor del consumo. Salir implica no solo dejar la sustancia, sino reorganizar casi todo: relaciones, tiempos libres, maneras de gestionar el estrés, narrativa personal.

Esto explica por qué la recuperación es un proceso profundo y no una decisión puntual. No se trata de «tener fuerza de voluntad» un día determinado. Se trata de aprender, a lo largo del tiempo, una manera diferente de habitar el propio malestar.

Para entender más sobre los patrones de personalidad que suelen estar en la base de estas dinámicas, puedes leer el artículo principal del silo Personalidad y adicciones: por qué consumes más allá de la sustancia.

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El camino terapéutico: afrontar con sentido

Si la pasividad incorrecta es huir del malestar, el camino terapéutico consiste en aprender a afrontar con sentido: atravesar el malestar acompañado, con herramientas, y desde un para qué que valga la pena.

Esto no es un ideal abstracto. Dentro del enfoque de la Psicoterapia Centrada en el Sentido (PCS), el trabajo clínico sobre la adicción como estrategia de afrontamiento suele transitar por varios ejes:

Reconocer el patrón sin juzgarlo
El primer movimiento es ver claramente qué ocurre: cuando siento X, hago Y. Poner palabras al mecanismo —sin la carga de vergüenza que suele acompañarlo— permite empezar a tomar distancia de él. La persona deja de identificarse con «soy adicto» y empieza a reconocer «tengo un patrón que aprendí».

Identificar qué malestar está detrás
¿Ansiedad? ¿Vacío? ¿Miedo al fracaso? ¿Dificultad para conectar con los demás? ¿Una historia de pérdida sin procesar? Cada respuesta orienta el trabajo terapéutico hacia lo que realmente necesita atención. La sustancia es la señal, no el problema central.

Construir herramientas de afrontamiento reales
La recuperación incluye aprender a tolerar la incomodidad sin huir: regulación emocional, capacidad de pedir apoyo, estrategias para los momentos de mayor presión. Esto no se aprende de un día para otro, y por eso el acompañamiento sostenido es parte del proceso.

Recuperar el sentido de vida como factor protector
Viktor Frankl propuso que quien tiene un para qué puede soportar casi cualquier cómo. En el trabajo con adicciones, esta idea cobra una dimensión muy concreta: las personas que encuentran (o recuperan) proyectos, vínculos o valores que les dan dirección tienen significativamente más recursos para atravesar el proceso de cambio. Construir ese sentido de vida no es un lujo del proceso: es uno de sus pilares fundamentales.

Una viñeta que ilustra este proceso con frecuencia en el contexto clínico: alguien que durante años usó el consumo para calmar la tensión del final de la jornada laboral, empieza a notar que lo que realmente siente al llegar a casa es soledad y agotamiento profundo, no «ganas de consumir». Esa distinción —nombrar lo que hay antes del impulso— abre un camino diferente.

El Colectivo Aquí y Ahora trabaja esta dimensión dentro de sus programas de acompañamiento, tanto en el formato ambulatorio (compatible con la vida cotidiana) como en el programa de internamiento para quienes necesitan una inmersión terapéutica más intensa.

Preguntas frecuentes sobre adicción y afrontamiento

¿Consumir para manejar el estrés es siempre una señal de alarma?
No necesariamente en una instancia aislada. La señal de alarma aparece cuando el consumo se vuelve la respuesta habitual al malestar, cuando la persona siente que no puede gestionar la tensión sin él, o cuando empieza a interferir en otras áreas de su vida. Ahí conviene buscar orientación profesional.

¿Por qué resulta tan difícil dejar de consumir aunque se quiera?
Porque la adicción reorganiza el sistema de afrontamiento de la persona. No se trata solo de una decisión: se trata de reaprender a relacionarse con el malestar de otra manera, y eso requiere tiempo, acompañamiento y herramientas. La voluntad es necesaria, pero no suficiente por sí sola.

¿Cómo sé si estoy usando el consumo para evitar algo?
Una señal frecuente es que el deseo de consumir aparece con más fuerza en momentos de tensión, conflicto, soledad o vacío. Si te preguntas para qué consumo y la respuesta tiene que ver con no sentir algo, con no estar presente en una situación, o con llenar un espacio que se siente intolerable, esa es una pista importante.

¿El afrontamiento incorrecto significa que tengo un trastorno de personalidad?
No necesariamente. Todos los modos de ser tienen sus formas de afrontamiento incorrecto. Lo que varían son las vulnerabilidades de fondo y los patrones específicos. Si te identificas con lo descrito, lo más útil es buscar una valoración profesional que ayude a entender el patrón completo, no solo el síntoma.

¿Cuánto dura un proceso de recuperación?
No hay una respuesta única. Depende del tiempo de consumo, de las vulnerabilidades de fondo, de los recursos disponibles y del tipo de acompañamiento. Lo que sí puede decirse es que es un proceso, no un evento: la recuperación sostenida se construye a lo largo del tiempo, con altibajos, y requiere más que abstinencia —requiere un proyecto de vida que valga la pena.

Un camino diferente al malestar

Consumir para afrontar no es una falla moral: es la señal de que algo duele y de que, hasta ahora, no se encontró otra manera de sostener ese dolor. Entender eso cambia la conversación —de la culpa al aprendizaje, del «no puedo parar» al «todavía no encontré cómo afrontar esto de otra manera».

La salida no está en negar el malestar ni en aguantarlo a solas. Está en encontrar un camino de afrontamiento que no te cueste la vida que quieres vivir. Ese camino existe, y no tiene que recorrerse en soledad.

En el Colectivo Aquí y Ahora acompañamos procesos de recuperación desde una mirada que va más allá de la sustancia: trabaja con la persona completa, con su historia, sus vulnerabilidades y, sobre todo, con el sentido que puede darle dirección al cambio. Si reconoces en ti o en alguien cercano este patrón de consumo como afrontamiento, el primer paso es hablar con alguien que pueda ayudarte a entenderlo.

Tu personalidad no es tu destino

En el Colectivo Aquí y Ahora acompañamos procesos de autoconocimiento y transformación personal con un enfoque centrado en el sentido de vida. Si quieres entender tu modo de ser y trabajar en él, estamos aquí.

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Escrito por el Equipo Clínico del Colectivo Aquí y Ahora, profesionales especializados en trastornos de la personalidad, adicciones y acompañamiento desde la Psicoterapia Centrada en el Sentido (PCS). Conoce el equipo.

Este contenido es educativo. No reemplaza la consulta clínica. Si te identificas con lo descrito, agenda con un profesional CAYA.


Bibliografía

  • Martínez Ortiz, E. (2011). Los modos de ser inauténticos: Psicoterapia centrada en el sentido de los trastornos de la personalidad. Manual Moderno + SAPS.
  • Martínez Ortiz, E. Hacia una recuperación con sentido. Colectivo Aquí y Ahora.
  • Frankl, V. (1994). El hombre en busca de sentido. Herder.
  • Frankl, V. (2001). Logoterapia y análisis existencial. Herder.

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