Bogotá | Ciudad de México info.colectivo@meaningroup.com
Colectivo Aquí y Ahora

Colegios | Por tema

¿Qué quieres abordar en tu colegio?

Los temas más consultados. Elige uno y te contamos cómo lo trabajamos.

Tratamiento | Por motivo de consulta

¿Qué necesitas trabajar?

Los motivos de consulta más frecuentes. Elige uno y te contamos cómo lo acompañamos.

¿No sabes por dónde empezar?

Todo proceso empieza con una valoración clínica: ahí definimos juntos la modalidad.

Agenda tu valoración

Autoestima en adolescentes: señales de alerta y cómo apoyar

Valentina entra al salón en la primera hora de clase con la mirada fija en el piso. Lleva el cabello suelto tapándole la mitad de la cara, algo que no hacía hace un año. Cuando la profesora de matemáticas pregunta quién quiere pasar al tablero, Valentina se hunde un poco más en la silla antes de que termine la pregunta. No es la primera vez esta semana.

La coordinadora la conoce desde primaria y sabe que algo cambió, pero no tiene claro qué tan grave es: si es la inseguridad típica de la edad o algo que ya necesita una intervención más deliberada. Esa duda, sin resolver todavía, es el punto de partida de casi cualquier conversación sobre autoestima en un colegio colombiano.

Por qué la autoestima en adolescentes se tambalea tanto

La autoestima no se cae de un día para otro. Se construye desde la infancia, en la forma en que un niño es tratado, corregido y celebrado por los adultos que lo rodean (puedes leer cómo se forma con más detalle en qué es la autoestima). Lo que ocurre en la adolescencia es distinto, porque empieza a depender de fuentes nuevas y mucho más volátiles que las de la infancia.

El cerebro adolescente está especialmente sensible a la evaluación social. Un comentario en el grupo de WhatsApp del curso, una foto que no consigue los likes esperados, una nota que baja, un cuerpo que cambia más rápido o más lento que el de los compañeros: todo eso pesa distinto a los trece o catorce años que a los ocho. La comparación se vuelve constante, y las redes sociales la multiplican fuera del horario escolar, sin que ningún adulto esté mirando.

A esto se suma una tarea propia de la edad: la construcción de identidad. El adolescente está descubriendo quién es, separado de sus padres, y ese proceso normalmente incluye tanteos, ensayos y algunos golpes al amor propio. La línea entre «está probando quién es» y «su autoestima está en riesgo real» no siempre es fácil de trazar desde afuera, y por eso conviene mirar señales concretas, no una sola conducta aislada.

Señales que se ven en casa

En la casa, la baja autoestima suele disfrazarse de otras cosas. Un padre puede notar que su hijo pasa más tiempo encerrado en el cuarto, que rechaza salidas familiares que antes disfrutaba, o que responde con monosílabos cuando antes contaba su día sin que se lo pidieran.

Otras señales son más directas: comentarios repetidos de autocrítica («soy un desastre», «nadie me va a invitar»), dificultad para aceptar un cumplido, o el extremo contrario, necesitar validación constante sobre cómo se ve, qué dijo o cómo actuó. También aparece la evitación: dejar de intentar cosas nuevas por miedo a hacerlas mal, o abandonar actividades en las que antes se sentía competente.

Vale la pena mirar también el celular. No porque el aparato sea el problema en sí, sino porque el uso que un adolescente le da a las redes cambia cuando su autoestima está golpeada: revisa las notificaciones con ansiedad, compara su cuerpo o su vida con la de otros, o se aísla detrás de la pantalla en lugar de con la pantalla. Si eso empieza a sentirse desproporcionado, vale la pena revisar la guía sobre uso problemático del celular en adolescentes.

Señales que se ven en el aula

Desde el salón de clase, el panorama se ve distinto pero complementario. Un docente puede notar a un estudiante que dejó de levantar la mano, que evita el trabajo en grupo o que, al contrario, domina cada actividad grupal porque no confía en que los demás lo hagan bien. También hay estudiantes que se anticipan al fracaso: entregan trabajos a medio hacer «porque de todas formas iba a estar mal», o piden constantemente que se les revise antes de entregar.

El recreo dice mucho. Un estudiante que come solo, que se queda cerca del profesor en lugar de buscar a sus compañeros, o que reacciona de forma desproporcionada a una broma leve, está mostrando algo que vale la pena registrar, aunque no sea motivo de alarma inmediata. Los orientadores escolares suelen ser quienes primero conectan estos puntos, porque ven al estudiante en más de un contexto durante la semana.

Lo que empeora las cosas sin querer

Hay reacciones de adultos bien intencionados que terminan reforzando el problema. La más común es minimizar: «eso le pasa a todos a esa edad», dicho de forma que cierra la conversación en lugar de abrirla. Otra es el elogio genérico y constante, del tipo «eres el mejor» repetido sin anclaje a nada concreto, que un adolescente detecta como vacío y a veces como presión adicional.

Comparar con hermanos o compañeros, aunque sea con intención de motivar, suele tener el efecto contrario. Lo mismo pasa con resolverle todo al adolescente para evitarle la frustración: protege a corto plazo, pero le quita la oportunidad de comprobar que puede resolver algo por su cuenta, que es la base de la que se alimenta la autoestima real.

Y está el error de tratar el tema como un asunto privado que resolverá solo, sin conversación ni seguimiento. A veces sí pasa. Muchas veces no, y el silencio se confunde con normalidad.

Cómo conversar sin invadir

Preguntar directamente «¿tienes baja autoestima?» casi nunca funciona; es una pregunta abstracta que un adolescente no sabe cómo responder. Funciona mejor partir de lo concreto: «te noté callado en el trabajo de ciencias, ¿qué pasó ahí?» abre más que «¿cómo te sientes contigo mismo?».

Escuchar sin corregir de inmediato es parte del trabajo. Si el adolescente dice que se siente torpe o feo, el impulso es contradecirlo rápido («no, tú eres muy inteligente»), pero eso a veces se siente como que no lo escucharon. Ayuda más reconocer lo que siente antes de ofrecer una mirada distinta, y hacerlo en varias conversaciones cortas, no en una sola charla solemne.

También ayuda dar responsabilidad real, no simbólica. Un adolescente que organiza algo del salón, que cuida de una tarea con consecuencias reales si falla, y que la cumple, construye evidencia sobre sí mismo que ningún elogio externo reemplaza.

Un caso de aula

Un orientador empezó a notar el patrón con un estudiante de octavo grado: participación en caída libre desde marzo, comentarios de autocrítica frecuentes en las tutorías grupales, y una nota de la directora de curso sobre que se aislaba en los trabajos en equipo. El orientador citó a la familia, y en conjunto armaron un plan: acompañamiento individual quincenal, una conversación con los docentes de las materias donde más participaba antes para que le devolvieran pequeños espacios de éxito, y seguimiento en casa sobre el tiempo que pasaba en redes por las noches.

Cuatro meses después, el estudiante volvió a levantar la mano de vez en cuando y la familia reporta menos episodios de encierro en el cuarto. Pero el orientador es honesto sobre lo que falta: el estudiante todavía evita el trabajo en equipo casi por completo, y no está claro si el cambio se sostiene sin el acompañamiento semanal. El seguimiento sigue activo, sin fecha de cierre definida, porque este tipo de proceso no siempre tiene un punto donde se pueda decir que terminó.

Ejercicios para trabajar en clase

En el aula, los ejercicios que funcionan mejor no son charlas sobre «quiérete a ti mismo», sino actividades que generan evidencia concreta: listas de logros propios que el estudiante escribe sin ayuda, ejercicios de retroalimentación entre pares con reglas claras, o dinámicas donde cada estudiante identifica una habilidad propia y la pone al servicio del grupo.

Si buscas material para trabajar esto en tutoría o en dirección de curso, en el centro de recursos de prevención hay guías gratuitas pensadas para el aula. Cuando la autoestima se cruza con la forma en que el estudiante ve su cuerpo, vale la pena revisar también la guía sobre imagen corporal en la adolescencia, que es un terreno cercano pero con señales propias.

Qué puede hacer tu colegio

Detectar las señales es el primer paso, pero sostenerlas requiere un trabajo más estructurado que una conversación aislada o un taller suelto. Desde el Colectivo Aquí y Ahora, la puerta de entrada más flexible son las acciones preventivas: talleres y espacios diseñados para trabajar autoestima con un curso o con varios, sin comprometer al colegio con un programa anual completo.

Cuando el tema de fondo mezcla autoestima, imagen corporal y alimentación de forma más persistente, Cuerpo Presente es la opción pensada para acompañar ese proceso durante todo el año escolar, con un trabajo más profundo que el de una acción puntual. Si quieres ver el panorama completo antes de decidir, el portafolio de programas de prevención reúne todas las opciones, desde talleres puntuales hasta acompañamientos de año completo.

Compartir :

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

WhatsApp
ico-blanco

Colectivo Aquí y ahora

Selecciona el servicio en el que estás interesado para remitirte al área encargada: