En los colegios colombianos hay una pregunta que llega cada vez con más frecuencia a las oficinas de orientación, sobre todo entre décimo y once. La trae un estudiante que cumple con todo, sin problemas de conducta ni caídas en las notas, y que aun así pregunta para qué estudiar esto, para qué seguir esforzándose si todavía no sabe qué quiere hacer con su vida. Ese malestar no encaja del todo en las categorías que suele manejar un equipo de convivencia, porque no hay conflicto con un compañero ni una crisis puntual que atender esa misma semana. Se parece más a lo que Viktor Frankl llamaba vacío existencial, y es justo el terreno donde la logoterapia en el aula tiene algo concreto que ofrecer antes de que ese malestar se convierta en un problema mayor.
Qué aporta la logoterapia que otros enfoques no cubren
La logoterapia es el enfoque que desarrolló el psiquiatra austriaco Viktor Frankl a partir de lo que vivió en los campos de concentración y contó en El hombre en busca de sentido, y parte de una idea sencilla: la persona necesita encontrarle un sentido a lo que vive, incluso cuando no puede elegir las circunstancias. En el Colectivo Aquí y Ahora ya profundizamos en qué es la logoterapia y de dónde viene, así que esa base no se repite aquí. Lo que interesa en este artículo es otra pregunta, más práctica: qué hace un colegio con esa idea cuando quien la necesita no está en un consultorio, sino sentado en un salón de clase un martes cualquiera.
Ahí aparece la diferencia entre trabajar la logoterapia como terapia y trabajarla como enfoque pedagógico. La primera es trabajo clínico, de otro profesional y en otro espacio. La segunda cabe en la tutoría, en la clase de ética y en la conversación que un orientador sostiene con un curso completo, sin que nadie tenga que pasar por un consultorio para beneficiarse de la idea central del enfoque.
El sentido no se impone, se encuentra
Frankl sostenía que a una persona nadie le puede quitar la libertad de elegir su actitud frente a lo que le pasa. Dos estudiantes pueden enfrentar la misma dificultad, el mismo examen, la misma pelea en la casa, y tomar decisiones distintas frente a ella, y esa elección es donde vive el sentido. Para un adolescente que siente que no decide nada, ni en el colegio ni en la casa ni en el futuro que otros ya le trazaron, esa idea cambia el ángulo de la conversación. La pregunta deja de ser qué le pasa y pasa a ser qué margen de decisión sí tiene, por pequeño que parezca, y qué le importa lo suficiente como para sostenerlo cuando las cosas se complican.
Frankl identificaba, además, dos rutas concretas por las que una persona encuentra sentido: en lo que hace y construye, y en cómo enfrenta lo que no puede cambiar. Para un estudiante de bachillerato eso se traduce en algo manejable: encontrar qué proyecto, tarea o actividad siente como propio, y aprender a sostener una actitud cuando algo no sale como esperaba, en lugar de que cada tropiezo confirme que nada tiene caso.
En Colombia, quien más ha trabajado y difundido este enfoque con adolescentes es el psicólogo Efrén Martínez Ortiz, y vale la pena conocer su trayectoria si quieres profundizar en cómo se adaptó la tradición logoterapéutica al contexto colombiano. Llevar esta idea al aula no depende de que el docente se vuelva terapeuta. Depende de que ejerza el papel que ya tiene, parecido al que Vygotsky describía como mediador: alguien que acompaña al estudiante a encontrar sentido en lo que aprende, sin resolvérselo por él.
Esta manera de trabajar conecta con algo que atraviesa todos los programas del Colectivo Aquí y Ahora: apoyarse en lo que el estudiante ya tiene sano, en vez de empezar por señalarle lo que le falta. Frankl trabajaba desde ese mismo lugar cuando insistía en que, incluso en las peores circunstancias, a la persona le queda algo intacto: la posibilidad de elegir una actitud. Para un adolescente que se siente incapaz o desmotivado, ese punto de partida cambia el tono de cualquier conversación, porque no arranca preguntando qué le pasa sino qué sí puede sostener.
Logoterapia en el aula: cómo se traduce en prácticas concretas
La logoterapia aplicada a la educación no necesita sesiones especiales ni un espacio aparte. Cabe dentro de lo que ya existe en la rutina de un colegio, con algunos cambios de enfoque:
- En la tutoría o dirección de grupo: cambiar preguntas de rendimiento por preguntas de sentido. En lugar de solo revisar qué nota sacó cada uno, preguntar qué de lo que hizo esta semana sintió como propio y qué hizo por cumplir.
- En clase de ética o filosofía: conectar los contenidos con decisiones reales del estudiante, en vez de dejarlos como teoría abstracta. Esa conexión es la misma que trabaja el proyecto de vida cuando deja de ser un formato que se llena una sola vez.
- En la orientación escolar: sostener conversaciones de escucha centradas en lo que le importa al estudiante, sin convertirlas en diagnóstico ni en terapia individual, que es trabajo de otro profesional y de otro espacio.
- En los momentos de fracaso: en vez de solo corregir el error, preguntar qué se puede sostener a pesar de él. Ese hábito conecta directamente con lo que en el Colectivo se trabaja como propósito de vida: algo que no desaparece porque un resultado salió mal.
Un curso de décimo que dejó de preguntarse para qué
Este es un caso compuesto, construido a partir de situaciones frecuentes en colegios colombianos, con los detalles ajustados para no identificar a nadie.
La orientadora de grado décimo se dio cuenta, hacia mitad de año, de que un grupo entero venía entregando trabajos a medias, no por falta de capacidad sino por una desconexión que se repetía en las tutorías: varios estudiantes decían, casi con las mismas palabras, que no le veían sentido a esforzarse por algo que quizás nunca iban a usar. La coordinación había probado antes con charlas motivacionales generales y el efecto duraba poco, un par de semanas como mucho.
La orientadora propuso otra ruta, apoyada en el enfoque logoterapéutico que el colegio venía trabajando dentro del programa SOMOS. En vez de una charla puntual, organizó cuatro sesiones de tutoría a lo largo de un mes, cada una centrada en una pregunta distinta: qué les importa de verdad, en qué momentos del año habían sentido que algo tenía sentido aunque fuera pequeño, qué parte de su rutina escolar sí sentían propia y cuál solo cumplían por obligación. Los docentes de las materias con más quejas de entrega ajustaron algunas tareas para que los estudiantes pudieran conectar el contenido con algo que les importara a ellos.
El cambio no fue inmediato ni parejo en todo el curso. Para el cierre del bimestre, las conversaciones en tutoría ya sonaban distinto: bajaron las quejas genéricas de «esto no sirve para nada» y aparecieron preguntas concretas sobre qué hacer con lo que sí les interesaba. Un par de estudiantes que antes casi no participaban empezaron a proponer temas para los trabajos grupales, y una madre le escribió a la orientadora para contarle que su hija había vuelto a hablar en la cena de algo distinto al colegio. El curso no se transformó de la noche a la mañana, pero encontró un lenguaje distinto para hablar de lo que antes solo se traducía en apatía.
Cuándo el aula no alcanza
Este enfoque funciona como factor protector para la mayoría de los estudiantes que atraviesan un momento de desconexión o de duda existencial normal en la adolescencia. No reemplaza una atención clínica cuando hay señales de mayor riesgo, como ideación suicida, autolesiones o un deterioro sostenido del funcionamiento del estudiante. Ahí la ruta es otra: activar el protocolo de remisión del colegio y seguir lo que exige la Ley 2460 de 2025 en materia de salud mental escolar, sin intentar resolverlo solo desde la tutoría.
Cómo llevar esto a tu colegio
Trabajar el sentido como factor protector no exige un programa aparte cuando ya tienes espacios de tutoría, ética o dirección de grupo donde instalarlo. El programa SOMOS del Colectivo Aquí y Ahora ya incluye este trabajo, con sesiones diseñadas específicamente alrededor de propósito, impacto y sentido ético. Si tu colegio todavía no está listo para un programa anual completo, también puedes empezar con una acción preventiva puntual sobre este tema.
Y si quieres conocer el resto de lo que hace el Colectivo Aquí y Ahora en prevención escolar, el catálogo completo de programas preventivos reúne todas las opciones según la edad y la necesidad de tu institución.

