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Presión social en adolescentes: qué es y cómo acompañarlos a sostener su criterio

En el patio de un colegio colombiano, a la hora del descanso, un grupo de estudiantes de décimo se apiña cerca de la reja que da a la calle. Uno de once, que siempre anda por esa zona aunque no le toque el descanso a esa hora, saca un vapeador del bolsillo y se lo pasa a la fila. Cuando llega a Simón, que acaba de cumplir dieciséis años, el muchacho duda medio segundo de más. Alguien suelta una risa corta. «Dale, no seas aburrido.» Simón lo toma, da una calada torpe y se lo pasa al siguiente. Nadie lo obligó con la mano ni lo amenazó con nada, y aun así ahí quedó decidido algo que él no quería decidir.

Eso es la presión social, la sensación de que decir que no le va a costar a alguien el lugar que tiene en el grupo, aunque nadie lo diga en voz alta. Es, probablemente, uno de los momentos que más se repite en la adolescencia y menos se conversa en casa o en el aula.

Qué es la presión social (y en qué se diferencia del matoneo)

La presión social es la influencia que un grupo ejerce, sin necesidad de amenaza directa, para que alguien piense, se vista, hable o actúe de cierta manera con tal de seguir perteneciendo. En la adolescencia pesa más que en cualquier otra etapa porque el grupo de pares empieza a competir con la familia como referencia de identidad. Buscar la aprobación de los compañeros es parte esperable del desarrollo en esa edad, y entenderlo así cambia la forma de acompañarlo.

Conviene distinguirla del matoneo, porque se confunden con frecuencia y no piden la misma respuesta. El matoneo implica una agresión repetida y un desequilibrio de poder sostenido en el tiempo, con una víctima identificable. La presión social casi nunca se ve así de claro: no hay un agresor único, hay un grupo entero empujando en la misma dirección, y quien cede muchas veces ni siquiera lo cuenta porque no sabría explicar bien qué le pasó. Cuando la presión sí deriva en exclusión activa o en humillación repetida, ya se está frente a un caso de acoso escolar, y ese territorio tiene su propia ruta, que puedes revisar en nuestra guía sobre bullying, acoso escolar y matoneo.

El Colectivo Aquí y Ahora trabaja este tipo de situaciones desde la pedagogía del núcleo sano, que le apuesta a lo que en el adolescente ya funciona bien, más que a señalar lo que falló en un momento puntual. Ceder a la presión del grupo una tarde en el patio suele hablar de una situación para la que el adolescente todavía no tenía las palabras, más que de su carácter, y esas palabras sí se pueden enseñar.

Cómo se ve la presión social en un colegio colombiano

En el día a día de un colegio, la presión social rara vez llega con la forma de «vamos todos a hacer esto». Llega envuelta en cosas más pequeñas: un grupo de WhatsApp donde alguien queda por fuera si no comenta el meme del momento, la ropa que hay que usar para no destacar de la manera equivocada, la tarea que se copia porque todos la copian, el reto de una red social que nadie quiere hacer pero tampoco quiere ser el único que no lo hizo. También aparece en las decisiones sobre alcohol, cigarrillo o vapeadores en una fiesta de cumpleaños, casi siempre antes de que el colegio se entere de que esa fiesta existió.

Lo que tienen en común todas esas escenas es que rara vez involucran una orden explícita. Es más una atmósfera que una instrucción, y por eso a los adultos les cuesta verla a tiempo. No hay un incidente puntual que reportar, solo un patrón que se repite hasta que alguien lo nombra.

El caso de Simón, que sigue abierto

Volvamos al patio. El director de grupo de décimo conectó los comentarios sueltos que escuchaba entre los estudiantes sobre «el de once que siempre está ahí a esa hora» y decidió revisar qué había detrás. El patrón no tardó en aparecer: no era un caso aislado, era un punto de encuentro que llevaba semanas funcionando cerca de esa reja.

En vez de armar un comité disciplinario de entrada, el director de grupo citó primero a Simón y a otros dos compañeros del mismo grupo, por separado y sin acusación, solo para entender qué estaba pasando. Ahí salió lo que ya intuían: ninguno quería estar ahí, pero a ninguno se le había ocurrido que decir que no fuera una opción real sin quedar como el raro del salón. Con ese grupo pequeño, el director de grupo trabajó algo muy concreto durante varias semanas: frases cortas para salir de una situación así sin quedar expuesto, y la idea de que rechazar algo no exige dar explicaciones largas ni ponerse a la defensiva.

También llamó a las familias, no para regañar sino para que supieran qué conversación seguir en casa. Y coordinó con el colegio una sesión sobre asertividad para todo el grupo, enmarcada en el trabajo que ya venían haciendo con SOMOS, el programa de convivencia del Colectivo Aquí y Ahora.

El resultado, hasta ahora, es parcial y sigue en curso. Simón y dos de sus compañeros dejaron de acercarse a esa esquina del patio en el descanso, pero el estudiante de once sigue ahí, y el director de grupo sabe que el problema no desapareció, solo cambió de forma por un tiempo. El seguimiento continúa este semestre, con revisiones cada pocas semanas, sin la expectativa de que un par de conversaciones cierren algo que se construyó durante meses.

Cómo acompañar a un adolescente frente a la presión social

Lo primero que ayuda es no convertir la conversación en un interrogatorio. Preguntas como «¿quién te dijo eso?» o «¿por qué no dijiste que no?» cierran la puerta más rápido de lo que la abren, porque el adolescente ya se siente juzgado antes de terminar la frase. Funciona mejor preguntar qué sintió en el momento, sin apurar la respuesta.

Ensayar en voz alta, además, ayuda más que un sermón sobre el tema. Practicar dos o tres frases concretas para salir de una situación de presión, algo como «paso, no me provoca» o «hoy no, después les cuento por qué», le da al adolescente algo que decir en el momento exacto en que más le falta. Esa herramienta tiene nombre propio: es la asertividad, la capacidad de decir lo que uno piensa sin agredir ni ceder, y en el Colectivo Aquí y Ahora tenemos una guía completa sobre qué es la asertividad y cómo enseñarla, con ejercicios pensados para trabajarla en casa y en el aula.

También vale la pena revisar cómo anda la vida social del adolescente en general, más allá del incidente puntual. Un estudiante con más de un grupo de pertenencia, el salón, un deporte, una actividad fuera del colegio, resiste mejor la presión de cualquiera de esos grupos por separado, porque no depende de uno solo para sentirse parte de algo. Si quieres profundizar en esa dimensión, tenemos una guía sobre relaciones interpersonales en el colegio.

Cuando la presión social es de consumo

Una parte importante de los casos de presión social en Colombia tiene que ver con alcohol, cigarrillo, vapeadores o marihuana, y ahí conviene un acompañamiento más específico que el que cabe en este artículo. Para grados quinto a noveno, el Colectivo Aquí y Ahora tiene Consentidos, un programa enfocado en esas sustancias y en las decisiones que se toman alrededor de ellas. Para décimo, once o estudiantes que ya están en la universidad, el programa pertinente es Sin Trabas, centrado en cannabis.

Qué puede hacer el colegio

Un colegio no puede vigilar cada conversación de WhatsApp ni cada esquina del patio, y tampoco es esa la meta. Lo que sí puede hacer es dar a los estudiantes práctica sostenida en algo que no se aprende en una sola charla: sostener el propio criterio frente al grupo. Eso es, en el fondo, lo que trabaja SOMOS, el programa de convivencia del Colectivo Aquí y Ahora, con sesiones que acompañan a cada curso año tras año y espacios de trabajo con las familias, para que la conversación no se quede solo dentro del colegio.

En esas sesiones el docente actúa como mediador de la conversación, guiando el ejercicio en vez de exponerlo desde el tablero. Tiene sentido, porque una frase para salir de una situación de presión se afianza ensayándola en voz alta con compañeros de verdad, hasta que sale natural cuando toca usarla, mucho más que memorizándola de un texto.

Si tu colegio todavía no está listo para un programa de ese tamaño, existe una alternativa de menor fricción: una charla o taller puntual sobre presión social y asertividad, dentro de nuestras acciones preventivas. Y si apenas estás conociendo lo que hacemos, te invitamos a revisar el catálogo completo de programas preventivos del Colectivo Aquí y Ahora, para encontrar el que mejor se ajuste a tu institución.

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