Bogotá | Ciudad de México info.colectivo@meaningroup.com
Colectivo Aquí y Ahora

Colegios | Por tema

¿Qué quieres abordar en tu colegio?

Los temas más consultados. Elige uno y te contamos cómo lo trabajamos.

Tratamiento | Por motivo de consulta

¿Qué necesitas trabajar?

Los motivos de consulta más frecuentes. Elige uno y te contamos cómo lo acompañamos.

¿No sabes por dónde empezar?

Todo proceso empieza con una valoración clínica: ahí definimos juntos la modalidad.

Agenda tu valoración

Prevención del consumo de alcohol en colegios: qué funciona y cómo empezar

En casi todos los calendarios escolares colombianos hay una fecha que las coordinaciones de convivencia marcan con cuidado: la excursión de grado once, la fiesta de promoción, la salida pedagógica de fin de año. También es la época en que suelen aparecer los incidentes por consumo de alcohol entre estudiantes. El problema casi nunca nace en ese viaje. Para cuando llega, buena parte del curso ya probó alcohol en una fiesta familiar, un cumpleaños de quince o una reunión de vecinos, y el colegio se entera tarde, cuando ya hay un incidente que atender en lugar de un patrón que trabajar con tiempo.

Ahí está el desgaste real de rectores, coordinadores y orientadores. Les importa, y mucho, pero la mayoría de instituciones solo reacciona cuando algo ya pasó, con una suspensión, una citación a los padres, un protocolo que se activa después del hecho. Ese modelo apaga incendios más de lo que los previene, y deja al equipo de convivencia con la sensación de estar siempre un paso atrás.

Por qué la prevención del consumo de alcohol basada en el miedo no funciona

La charla de un solo día, con fotos de hígados dañados y estadísticas alarmantes, sigue siendo el recurso más usado en los colegios colombianos. Genera silencio en el auditorio, algunas caras impresionadas y, casi siempre, cero cambio de conducta la semana siguiente. El consumo de alcohol en la adolescencia no responde a falta de información: los estudiantes de bachillerato ya saben que el alcohol hace daño. Responde a presión de grupo, curiosidad, necesidad de pertenecer y, con frecuencia, a lo que ven modelado en casa.

Asustar tampoco resuelve la parte que más le preocupa a un colegio, que es qué hacer con el estudiante que ya empezó a consumir. Una charla de miedo no le da a ese adolescente ninguna herramienta distinta para el sábado siguiente. Le confirma que el colegio prefiere hablarle desde arriba, y eso suele cerrar la puerta justo cuando más se necesita que quede abierta.

Sancionar tiene su lugar, pero llega tarde: responde a lo que ya pasó, cuando lo que mueve la aguja es lo que se hace antes, con quién y con qué frecuencia.

Qué dice la evidencia sobre lo que sí funciona

Los programas que muestran resultado comparten unos rasgos, y ninguno de ellos es una charla aislada.

Trabajan de forma sostenida durante el año escolar, no en una jornada suelta. Fortalecen habilidades concretas (manejo de presión de grupo, toma de decisiones, comunicación con pares) en lugar de limitarse a entregar datos sobre los riesgos del alcohol. Involucran a la familia, porque buena parte de las causas del consumo temprano tienen raíz en casa: acceso fácil al licor, consumo adulto normalizado, o simplemente falta de conversación sobre el tema. Y se apoyan en los adultos que ya están cerca del estudiante todos los días (el director de curso, el orientador, el profesor de convivencia) en vez de traer a un experto externo una sola vez y desaparecer.

Este es también el enfoque que trabaja el Colectivo Aquí y Ahora a través de la logoterapia: fortalecer lo que un adolescente ya tiene de sano (su sentido de propósito, sus vínculos, su capacidad de decidir) para que el alcohol pierda terreno como forma de llenar un vacío o de pertenecer a un grupo.

A qué edad empezar

El error más común es esperar a que el consumo sea visible para empezar a hablar de él. Cuando un colegio nota el problema en grado décimo u once, la mayoría de esos estudiantes ya llevan tiempo probando alcohol en contextos fuera del colegio, y el patrón está más asentado de lo que parece desde afuera.

La prevención rinde más cuando arranca antes de que el consumo empiece, no después. Por eso el trabajo con grados quinto a noveno se enfoca en factores protectores, autoestima, manejo de la presión de grupo y comunicación familiar, mientras que con décimo y once el trabajo se vuelve más directo: reconocer señales de riesgo, hablar de las causas reales del consumo temprano y preparar a los estudiantes para los contextos donde el alcohol va a estar presente, sea una fiesta, un grado o una salida.

El rol del docente y del orientador

Un docente no necesita ser experto en adicciones para aportar en prevención. Necesita saber observar y saber a quién avisar. Cambios bruscos de ánimo, ausentismo los lunes, amistades nuevas que preocupan a la familia, olor a alcohol en horas de clase: son señales que un director de curso nota antes que nadie, si sabe qué buscar.

El orientador escolar cumple un papel distinto: sostener la conversación individual sin que se sienta un interrogatorio, coordinar con la familia sin romper la confianza del estudiante, y activar la ruta de atención del colegio cuando el caso lo requiere. Ninguno de los dos roles reemplaza al otro. El docente detecta y acompaña en el día a día; el orientador profundiza y conecta con la familia y, si hace falta, con apoyo externo.

Entre estos dos roles suele faltar un canal claro más que voluntad. Un director de curso que detecta una señal necesita saber a quién avisar y qué pasa después, sin que el caso se pierda entre reuniones. Cuando ese canal existe y se usa con regularidad, y no solo cuando ya hay una crisis, el colegio empieza a ver los patrones antes de que se conviertan en incidentes.

Cómo se ve un programa bien hecho

Un programa de prevención del consumo de alcohol que funciona en un colegio colombiano suele tener estas características:

  • Se desarrolla durante el año escolar, no en una jornada aislada.
  • Diferencia el trabajo por grado, porque lo que necesita un estudiante de sexto no es lo que necesita uno de once.
  • Forma a los docentes para que sepan reconocer señales y abrir la conversación, no solo al orientador.
  • Incluye a las familias en al menos una parte del proceso.
  • Tiene un protocolo claro para cuando ya hay un caso, sin que ese protocolo sea la única herramienta del colegio.

Ningún colegio necesita construir esto desde cero. Es el modelo con el que trabajan Consentidos y Sin Trabas, adaptado según el rango de edad, y también lo que puede armarse con acciones preventivas puntuales cuando el colegio prefiere empezar más pequeño.

Un caso de colegio

La coordinación de convivencia venía de un año difícil: en la salida pedagógica de grado décimo, un grupo de estudiantes había ingresado licor al hospedaje y el hecho terminó en suspensión para varios de ellos y en una reunión tensa con los padres. El protocolo se cumplió, pero la orientadora sabía que no había resuelto nada de fondo: el año anterior había pasado algo parecido con otro curso.

Para el año siguiente decidieron cambiar el orden de las cosas. En vez de esperar a la salida de once para hablar del tema, empezaron en febrero, con sesiones mensuales integradas a la hora de dirección de grupo: manejo de presión de grupo, conversaciones sobre lo que pasa en las fiestas de fin de semana, y un taller con padres de familia sobre cómo hablar de alcohol en casa sin que la conversación se cierre de entrada. Los docentes de décimo y once recibieron una guía corta sobre qué señales observar y a quién avisar.

El cambio no fue inmediato ni espectacular. Hubo estudiantes que siguieron sin querer participar en los espacios de conversación, y la orientadora reconoce que no logró involucrar a todas las familias que hubiera querido. Pero para la salida pedagógica de grado once, meses después, el protocolo era distinto: hubo una reunión previa con los padres, acompañamiento de los directores de curso durante todo el viaje y, por primera vez en varios años consecutivos, la coordinación de convivencia no tuvo que abrir un solo caso de consumo de alcohol al regreso.

Opciones para tu institución

No todos los colegios están en el mismo punto, y no todos necesitan lo mismo. Consentidos, para grados quinto a noveno, trabaja factores protectores y prevención temprana del consumo de alcohol, marihuana y vape antes de que el patrón se instale. Sin Trabas, para décimo y once, aborda directamente las decisiones que los estudiantes ya están tomando en fiestas, salidas y contextos sociales donde el alcohol está presente.

Si tu institución todavía no está lista para un programa anual completo, también existe el menú de acciones preventivas: talleres y conferencias puntuales que permiten empezar sin comprometer todo el año escolar. Muchos colegios arrancan por ahí y luego avanzan hacia el programa.

Conoce Consentidos y Sin Trabas, revisa casos de colegios que ya trabajaron con el Colectivo Aquí y Ahora, o profundiza primero en qué son las sustancias psicoactivas y en las señales de consumo de alcohol en adolescentes para entender mejor de dónde parte tu colegio. También puedes revisar por qué la prevención del consumo de sustancias psicoactivas es una decisión que se toma antes de que aparezca el primer incidente, no después. Y si quieres ver el panorama completo antes de decidir por dónde empezar, ahí está el catálogo de programas de prevención del Colectivo Aquí y Ahora, con todas las opciones organizadas por grado y por tema.

Compartir :

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

WhatsApp
ico-blanco

Colectivo Aquí y ahora

Selecciona el servicio en el que estás interesado para remitirte al área encargada: