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Resiliencia: qué significa y ejemplos que ayudan a reconocerla en un estudiante

Resiliencia significa la capacidad de una persona para sostenerse y seguir funcionando después de un golpe fuerte, sin que eso signifique que el dolor no existió ni que todo vuelve a ser exactamente como antes. En un colegio se ve todos los días, aunque casi nunca con ese nombre. El estudiante que repite el año y no deja de ir a clase con la cabeza agachada para siempre. La niña que pierde una final deportiva y vuelve a entrenar la semana siguiente. El adolescente que cambia de ciudad a mitad de año y, con esfuerzo, arma un grupo de amigos nuevo antes de diciembre. O el que pierde a un abuelo con el que vivía y, unas semanas después, vuelve a entregar sus trabajos a tiempo, aunque el vacío siga ahí.

Para un adulto que acompaña estudiantes, sea docente, orientador, psicólogo escolar o coordinador de convivencia, entender bien qué es y qué no es la resiliencia cambia cómo se responde cuando algo sale mal. Esperar a que el tiempo cure solo, o pedirle al estudiante que «sea fuerte» mientras nadie interviene, suele alargar el problema en lugar de resolverlo.

Qué significa la resiliencia y ejemplos que la explican mejor que cualquier definición

La resiliencia funciona como un proceso, no como un rasgo con el que se nace ni una virtud reservada para quien ha vivido una tragedia grande, y como todo proceso se puede fortalecer o debilitar según lo que rodea al estudiante. Un error frecuente en los colegios es tratarla como sinónimo de aguantar en silencio y no pedir ayuda, porque supuestamente así se forma el carácter. Esa idea deja al estudiante más solo justo cuando más necesita al adulto cerca, y no coincide con lo que muestra la experiencia en el aula: los estudiantes que salen mejor librados de una dificultad casi siempre tuvieron a alguien que los acompañó a atravesarla, no que los dejó atravesarla solos.

Estos son algunos ejemplos que se repiten, con caras distintas, en la mayoría de los colegios:

  • Un estudiante repite el año y, en lugar de evitar el salón, vuelve el primer día y se sienta adelante.
  • Una niña no queda seleccionada para el equipo de baloncesto y se apunta de nuevo al año siguiente, esta vez con mejor preparación.
  • Un adolescente cuyos papás se separan mantiene las entregas al día, aunque el promedio baje un par de periodos.
  • Un estudiante que cambia de colegio a mitad de año deja de almorzar solo antes de que termine el semestre.
  • Alguien que pierde un concurso de oratoria pide que lo graben para revisar qué mejorar, en vez de no volver a inscribirse.

En cada uno de esos casos el estudiante no salió ileso, pero tampoco se quedó atascado ahí. Y en casi todos hubo un adulto cerca que hizo algo puntual para que ese tránsito fuera posible.

Cómo se fortalece la resiliencia desde el colegio

Nadie construye resiliencia dejando que el estudiante se las arregle solo con la esperanza de que la dificultad lo haga fuerte. Se construye con un adulto que acompaña de cerca sin resolver el problema en su lugar, algo cercano a lo que en pedagogía se conoce como mediación: el adulto sostiene el proceso, pero es el estudiante quien lo atraviesa. Cuatro cosas ayudan de verdad:

  • Nombrar lo que pasó sin minimizarlo ni dramatizarlo. «Perdiste el año» pesa menos cuando se dice en voz alta que cuando queda flotando sin nombre.
  • Dar responsabilidades pequeñas y alcanzables, que le devuelvan al estudiante una sensación de control sobre algo.
  • Reconocer los avances concretos, no solo el resultado final, porque el resultado tarda y el avance se puede ver esta semana.
  • Mantener rutinas estables en el colegio cuando el resto de la vida del estudiante se desordena, porque la estabilidad afuera del aula suele ser la que menos depende de él.

Hay una raíz de esto que en el Colectivo Aquí y Ahora se trabaja desde hace tiempo con enfoque logoterapéutico: encontrarle un sentido propio a lo que se vive, incluso a lo difícil, es parte de lo que permite atravesarlo sin quedarse ahí. Puedes leer más sobre este enfoque en terapia con enfoque logoterapéutico.

Cómo se vio esto en un colegio

Un estudiante de grado octavo repitió el año por primera vez en toda su vida escolar. Volvió en enero al mismo curso, ahora con compañeros un año menor que él, y durante las primeras semanas evitaba levantar la mano incluso en las materias donde le iba bien, como si cualquier pregunta pudiera delatarlo como el que perdió el año.

El director de grupo, que lo tuvo por primera vez ese año, no empezó con un discurso sobre esforzarse más. Se sentó con él a revisar, materia por materia, qué había fallado el año anterior: entregas tarde en unas y comprensión floja en otras. En química el problema era distinto, casi todo se debía a inasistencia por un problema de salud que nadie había reportado a tiempo a coordinación. Con esa información armaron metas semanales concretas, revisadas los viernes en cinco minutos, y le propuso algo que no tenía que ver con calificaciones: explicarle ejercicios de matemáticas a un compañero cuando el profesor lo pidiera, porque en esa materia siempre había sido bueno.

Para el segundo semestre pasaba todas las materias sin sobresaltos y, cuando alguien mencionaba de pasada que había repetido el año, ya no bajaba la mirada. El colegio no le borró el año perdido ni pretendió que no hubiera pasado. Lo que cambió fue que dejó de ser lo único que los demás, y él mismo, veían de él.

No todos los procesos avanzan igual de rápido ni con esa claridad. Hay estudiantes que necesitan un semestre entero antes de mostrar cambios visibles, y otros para quienes una sola conversación bien hecha basta. La constante que sí se repite es que el acompañamiento cercano acorta ese tiempo, casi siempre, frente a dejar que el estudiante resuelva solo lo que le tocó.

Qué puede hacer tu colegio para fortalecer esto

La resiliencia no se enseña con una charla única ni con una frase motivacional pegada en la cartelera. Se construye con adultos que acompañan de cerca y sostienen expectativas realistas. Adultos que le devuelven al estudiante pequeñas victorias que pueda ver por sí mismo, no solo la promesa de que todo va a mejorar. Si quieres trabajar esto de forma estructurada con un curso o con todo el bachillerato, en el Colectivo Aquí y Ahora tenemos acciones preventivas diseñadas para fortalecer estas habilidades, sin que el colegio tenga que comprometerse de entrada con un programa anual completo.

Este tema conecta con otros dos que trabajamos en el mismo eje: la tolerancia a la frustración, que es buena parte de la base sobre la que se construye la resiliencia, con qué es la frustración y tolerancia a la frustración; y el sentido con el que un adolescente enfrenta sus propias dificultades, que desarrollamos en proyecto de vida.

Si prefieres conocer todo lo que ofrece el Colectivo Aquí y Ahora en prevención escolar, puedes revisar el catálogo completo de programas preventivos y encontrar el que mejor se ajuste a lo que tu colegio necesita este año.

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